Tras la aprobación del Fondo de Recuperación por la Unión Europea, el Cardenal Jean Claude Hollerich, Presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (Comece) expresa su aprecio por la decisión, que permitirá la recuperación económica tras la crisis desencadenada por la pandemia de coronavirus. Europa se ha embarcado en el camino de la solidaridad", dijo el cardenal.
 



Réquiem por una Europa que debe morir, oda a una esperada Europa


1. En estos días de Covid-19 estamos viendo cómo la sociedad y las clases populares y trabajadoras se están organizando en redes de solidaridad y de apoyo mutuo. Estamos viendo el renacimiento de la acción comunitaria y una atención por las personas más desprotegidas. Estamos viendo cómo se reconoce cada día el trabajo denodado de la comunidad sanitaria, la centralidad de las trabajadoras del hogar y de las trabajadoras que cuidan de los enfermos y los dependientes, el heroísmo de tantas y tantos santos cotidianos, como gusta llamar al papa Francisco, pese a todas las dificultades y pese a que el virus del individualismo lo tenemos inoculado desde siempre, y más aún por parte de este capitalismo depredador y fratricida que nos ha llevado al borde del precipicio.

2. Por ello, si este tejido humano se está rehaciendo desde lo pequeño, con muchas gotas de amor, humildad y generosidad, aspiramos a ver estas dinámicas en las instancias que nos gobiernan y también en las empresas donde trabajamos. Así, nos duele ver cómo en Europa y en las instituciones comunitarias los gobiernos de los Estados miembros reproducen en interés propio unas dinámicas que ya se dieron, sin ir más lejos, en la crisis financiera del 2008, y que deben superarse en este momento tan grave.

 

A los hermanos y hermanas de los movimientos y organizaciones populares


Queridos amigos:

Con frecuencia recuerdo nuestros encuentros: dos en el Vaticano y uno en Santa Cruz de la Sierra y les confieso que esta "memoria'' me hace bien, me acerca a ·ustedes, me hace repensar en tantos diálogos durante esos encuentros y en tantas ilusiones que nacieron y crecieron allí y muchos de ellas se hicieron realidad. Ahora, en medio de esta pandemia, los vuelvo a recordar de modo especial y quiero estarles cerca.

En estos días de tanta angustia y dificultad, muchos se han referido a la pandemia que sufrimos con metáforas bélicas. Si la lucha contra el COVID es una guerra, ustedes son un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras. Un ejército sin más arma que la solidaridad, la esperanza y el sentido de la comunidad que reverdece en estos días en los que nadie se salva solo. Ustedes son para mí, como les dije en nuestros encuentros, verdaderos poetas sociales, que desde las periferias olvidadas crean soluciones dignas para los problemas más acuciantes de los excluidos.

Sé que muchas veces no se los reconoce como es debido porque para este sistema son verdaderamente invisibles. A las periferias no llegan las soluciones del mercado y escasea la presencia protectora del Estado. Tampoco ustedes tienen los recursos para realizar su función. Se los mira con desconfianza por superar la mera filantropía a través la organización comunitaria o reclamar por sus derechos en vez de quedarse resignados esperando a ver si cae alguna migaja de los que detentan el poder económico. Muchas veces mastican bronca e impotencia al ver las desigualdades que persisten incluso en momentos donde se acaban todas las excusas para sostener privilegios. Sin embargo, no se encierran en la queja: se arremangan y siguen trabajando por sus familias, por sus barrios, por el bien común. Esta actitud de Ustedes me ayuda, cuestiona y enseña mucho.

comeceCEC

PERMANEZCAMOS UNIDOS

Este es el momento de mostrar nuestro compromiso con los valores europeos

La pandemia COVID-19 y sus graves consecuencias han golpeado a Europa y al mundo entero con toda su fuerza. Poniendo a prueba a cada persona, familia y comunidad, la crisis actual ha expuesto las vulnerabilidades y aparentes certezas de nuestra política y economía y de nuestras sociedades. Sin embargo, estos tiempos difíciles también nos están permitiendo redescubrir nuestra humanidad común como hermanos y hermanas. Pensamos en las muchas personas que están sembrando la esperanza cada día ejerciendo la caridad y la solidaridad.

Queremos orar con profunda gratitud por todos aquellos que sirven a sus semejantes con empatía y calidez, apoyándolos desinteresadamente: médicos, personal de enfermería, proveedores de servicios básicos, fuerzas de la ley y el orden, y personas involucradas en la atención pastoral. Deseamos rezar por todas las personas que están sufriendo durante esta crisis, en particular los enfermos, los ancianos, los pobres, los excluidos y los niños que experimentan inestabilidad familiar. También recordamos en nuestras oraciones a todos los que fallecieron.

Oración por nuestro mundo dolorido

Señor,

a ti venimos en estos momentos oscuros y duros.

A ti venimos a explicarte el dolor y la muerte

que causa la pandemia que diezma a nuestros pueblos.

Y ponemos en nuestra boca las palabras del salmista:

“Di al Señor: Tú eres mi refugio,

mi baluarte, mi Dios en quien confío.

Él te librará… de la peste asoladora… bajo sus alas te dará cobijo…

No temerás el terror de la noche… ni la peste que surca la niebla,

ni la plaga que devasta a pleno día” (Sal 91,2-6).

 

Señor,

en ti confiamos en estos momentos

en que tantos hermanos y hermanas nuestros,

tan débiles, viven en sus carnes

el dolor de la Pasión y Muerte de Jesucristo, tu Hijo.

 

 

El Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa (MTCE) expresa su pleno apoyo a las iniciativas que se realizan con ocasión del día 3 de marzo, Día Internacional para el Domingo Libre de Trabajo. En este año 2020, el MTCE ofrece la siguiente reflexión.

En el mundo del trabajo estamos en una situación nueva que nos pide abrir nuevos caminos a la fraternidad, la solidaridad y la sensibilidad ante el sufrimiento y la injusticia para que sea posible el ser y el vivir de las personas. El modelo social en el que vivimos, configurado principalmente por la forma en que es concebido y tratado el trabajo humano, es un gran obstáculo para que la organización social y las relaciones e instituciones sociales favorezcan aquello a lo que siempre deberían servir: que las personas podamos realizar nuestro ser y podamos vivir de acuerdo a nuestra dignidad, que podamos realizar nuestra humanidad a imagen y semejanza de Dios. Esto es lo que está radicalmente en juego hoy y de cara al futuro: que las personas podamos realizar nuestro ser y vivir de acuerdo a nuestra dignidad, y es muy importante que nos hagamos realmente cargo de esta situación en la que nos coloca el modelo social que se ha configurado: